Una historia de España, Arturo Pérez-Reverte

El otro día recibí con alegría y alborozo la noticia de que Arturo Pérez-Reverte ha vuelto a sacar uno de esos libros en los que se reúnen todos los artículos que escribe para El Semanal. En esta ocasión, bajo el título Una historia de España, el periodista recoge los textos que durante 4 años ha dedicado a contar las vicisitudes de la piel de toro.

Tengo que confesar que las ediciones anteriores, Patente de Corso, Con ánimo de ofender y No me cogeréis vivo, tienen la culpa de que en su día me enamorará del periodismo y diera rienda suelta a un trágico romance lleno de precariedad laboral, años de abandono de la profesión y grandes sueños que aun están por cumplir.

Aun así, no me quejo porque este bello y denostado oficio me ha dado momentos inolvidables, grandes amistades y muchas historias que contar, aunque a veces nadie las quiera oír. Por todo ello le estoy agradecida a Pérez-Reverte y prometo que, no solo compraré el libro, sino que además lo leeré. Porque son esas lecturas las que me vuelven a hacer sentir la emoción de los primeros años de radio, de la primera toma de contacto con la profesión y las que me recuerdan porqué me metí en este berenjenal y porqué jamás podré ser otra cosa más que periodista.

 

Sinopsis: A lo largo de los 91 capítulos más el epílogo de los que consta el libro, Arturo Pérez-Reverte narra los principales acontecimientos ocurridos desde los orígenes de nuestra historia y hasta el final de la Transición con una mirada subjetiva, construida con las dosis exactas de lecturas, experiencia y sentido común. La misma mirada con que escribo novelas y artículos, dice el autor; no la elegí yo, sino que es resultado de todas esas cosas: la visión, ácida más a menudo que dulce, de quien, como dice un personaje de una de mis novelas, sabe que ser lúcido en España aparejó siempre mucha amargura, mucha soledad y mucha desesperanza.

Lógicamente no estoy de acuerdo en todo lo que expresa en sus artículos, ni mucho menos. Pero siempre he sido muy beligerante en mis discusiones, me va la marcha y no lo puedo evitar. Quizá por eso me gusta leer sus textos, tanto en los que coincido como en los que me gustaría tenerle delante para decirle cuatro cosas. En muchas ocasiones no se trata de lo que dice sino de lo que me transmite, de las vivencias que hay detrás de su forma de ver la vida, esté de acuerdo con ella o no.

 

 

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