Un día en Cuenca

Los que nos seguís en redes sociales ya sabéis que recientemente hemos estado pasando un fin de semana en la provincia de Cuenca para grabar una de las etapas del Reto Viajero. Para ser sinceros nos desplazamos hasta allí sin tener mucha idea de lo que nos íbamos a encontrar porque ninguno de los tres, fuimos Ramón, mi cuñada Laura y yo, habíamos estado nunca. Las referencias que diferentes personas nos habían dado nos decían que podía ser un viaje interesante, pero también encontramos a quien le daba la risa que nuestra escapada fuera allí, supongo que por el consabido dicho de ponerse mirando a Cuenca.

El caso es que este viaje ha sido toda una sorpresa desde el principio. Para empezar, queriendo evitar el tráfico de Madrid decidimos ir vía Soria y Sigüenza, por la N111 primero y la N204 después. Cuando nos dimos cuenta del tipo de vía por el que íbamos a transitar la verdad es que nos entró un poco de pereza pero, mirando google maps, nos dimos cuenta de que el viaje tan solo eran 20 minutos más que por Madrid y, de verdad, que merece la pena ver los lugares por los que pasa, como la propia Sigüenza.

 

Y así, poco a poco llegamos hasta Cuenca. Llegamos a la ciudad alrededor de las 20.00 horas, por lo que el primer encuentro con ella fue de noche. El entorno que la rodea prometía ser espectacular pero no se veía demasiado, ahora sí, la iluminación de la Catedral y, sobre todo, del Ayuntamiento nos parecieron preciosas.

Una vez acomodados en la Hospedería Seminario Conciliar San Julian, nos fuimos a ver si cenábamos algo por ahí. El chico de la recepción nos había marcado en el mapa una zona de restaurantes más allá del castillo aunque nosotros decidimos entrar a un bar, llamado Las Tortugas, que encontramos en la callejuela que hay junto a la plaza y donde no solo cenamos esa noche, sino que volvimos allí a comer al día siguiente. Solo una recomendación, si pedís los pepitos pedid uno para cada dos porque son enormes y no os perdáis las croquetas de rabo de toro, para chuparse los dedos. De precio… pues nosotros que somos de Bilbao donde por dos vinos y dos pintxos te clavan 9 euros no notamos mucha diferencia pero igual si sois de alguna provincia donde se puede salir a potear sin tener que pedir un crédito pues puede pareceros un poco caro.

 

Amanecimos el sábado temprano dispuestos a recorrer Cuenca de arriba abajo. La verdad es que nos había sobrado el madrugón porque, aunque es una ciudad preciosa, se ve en una mañana sin problema. Eso sí, sin entrar en los museos porque en el centro histórico se cuentan hasta 8. La verdad es que nos quedamos con ganas de entrar en el de arte contemporáneo, que está dentro de las Casas colgadas, pero había tanta gente que nos dio un poco de pereza.

El caso es que nuestra visita empezó de arriba hacia abajo. Lo primero que visitamos fue la Torre Mangana que nos quedaba cerca de la hospedería. Este monumento se encuentra dentro de una plaza rodeada por trabajos de excavación donde se pueden ver restos de la Cuenca más antigua. La verdad es que han conseguido un equilibrio entre lo nuevo y lo monumental en el que se puede disfrutar del espacio conservando los elementos de interés. Además, las vistas al cauce del río Júcar son preciosas.

 

Desde allí bajamos hasta la Plaza Mayor donde volvimos a ver tanto el Ayuntamiento, que nos gustó más de noche, como la Catedral. Esta última entramos a verla por dentro pagando la entrada normal y también la de refectorio, la verdad es que está última os la podéis ahorrar, son solo dos euros más pero tampoco es que las vistas desde arriba sean nada del otro mundo. Eso sí, si vais en un día de sol merece la pena ver como entra la luz por las vidrieras del edificio, en las fotos no se ve bien pero es lo más bonito de toda la Iglesia. Eso, y las vistas desde la terraza de su patio interior.

 

Eso que se ve al fondo de la foto es el Parador Nacional de Cuenca y nuestra siguiente parada turística. Para llegar hasta allí hay que cruzar un estrecho puente de metal sobre el río Huécar que está abarrotado de gente, tanto por las vistas que hay desde allí del parador como por las que hay, al otro lado; hacia las Casas Colgadas de Cuenca. Es importante advertiros, si vais por allí y no las encontráis, que no se llaman casas colgantes, sino COLGADAS. Y, aunque están muy bien, que yo no digo que no, para ser el icono de la ciudad a mí me decepcionaron un poco, me parece que hay otras cosas mucho más impresionantes en la ciudad a parte de esas casas, como los paisajes de los dos cañones que la rodean.

 

Y de las Casas Colgadas al Castillo. Que dicho así parece que anduvimos una barbaridad pero lo cierto es que está todo muy cerca. Por allí nos dimos otro paseo para verlo de día y para apreciar mejor el paisaje que se divisa desde allí. La verdad es que tuvimos un fallo bastante grande, por no haber preparado el viaje en condiciones, y fue no haber llevado ropa de monte para disfrutar de las rutas que, seguro, hay en los alrededores. La ciudad de Cuenca nos ha gustado mucho, muchísimo, pero lo que de verdad nos ha impresionado ha sido el entorno que la rodea. Sin duda la provincia de Cuenca es para dedicarle varios días zapatillas de monte en ristre.

 

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