Un paseo por Gernika

¿Os podéis creer soy de Bizkaia de toda la vida y hasta hace bien poco nunca había estado en Gernika? Lo sé, es para matarme, pero esa es la cruda realidad. Menos mal que el otro día la falta total de previsión a la hora de organizar una excursión nos llevó a tener que improvisar con una visita a un lugar que nos pillara cerca de casa. Quiso la fortuna que ese día saldara mi cuenta con Gernika.

Hace de esto ya varias semanas, algún mes completo incluso, pero estos días que estoy leyendo El otro árbol de Gernika, de Luis de Castresana, me he acordado de aquella excursión

El árbol de Gernika

Gernika es uno de los municipios más importantes de Bizkaia ya que alberga el órgano legislativo de la provincia, conocido como Juntas Generales. Antiguamente, antes de la llegada de la democracia y sus instituciones oficiales, los Señores de Bizkaia se reunían en ese mismo lugar, a la sombra de un roble, a decidir los designios de los vizcaínos. Tan importante era lo que allí se hablaba y las conclusiones a las que se llegaban que el lugar comenzó a tener una gran importancia simbólica y pasó a ser conocido por toda Bizkaia como el Árbol de Gernika.

Tanta fue la trascendencia de aquel roble que, cuando el territorio pasó a estar bajo el mando del reino de Castilla, hasta él llegaban sus reyes a jurar los Fueros que garantizaban ciertas libertades y privilegios a los vizcaínos frente al resto de castellanos. Existen documentos que hablan de la jura de la propia Isabel La Católica bajo la sombra del Árbol de Gernika.

Tanto el árbol como el propio edificio de las Juntas Generales se puede visitar de forma gratuita. Más allá del famoso árbol, también se puede ver el tronco del ejemplar de roble antiguo y el parlamento donde tienen lugar las reuniones oficiales de los junteros.

Picasso

Otro de los acontecimientos que situaron a Gernika dentro del mapa fue el bombardeo ocurrido el 26 de abril 1937 cuando Franco ordenó a la aviación alemana e italiana que atacara a la población civil con objeto de desmoralizar los ánimos del enemigo y lograr la rendición del municipio. Más allá de lo horribles que son todas las acciones violentas que se dan en una guerra, esta tuvo especial impacto en la población española y mundial de la época por darse durante la celebración de uno de los mercados más importantes de la zona.

La devastación del pueblo de Gernika fue total y no se sabe a ciencia cierta cuántas personas murieron en el ataque, si bien el Gobierno Vasco dio una cifra oficial de 1645 y 889 heridos. 

El pintor Pablo Picasso inmortalizó la mascare en su famoso cuadro Gernika que actualmente puede verse en el Reina Sofía de Madrid y que, ciertamente, pone los pelos de punta. Por más veces que uno lo haya visto en diferentes ilustraciones, tenerlo delante emociona de una manera difícil de explicar.

Gernika lleva años solicitando el traslado de esta obra de arte al municipio al que rinde homenaje sin éxito. Como medida de reivindicatoria en la localidad se puede ver este mural representando el cuadro.

El bombardeo

Cuando uno pone un pie el Gernika enseguida se da cuenta de que la mayor parte de sus construcciones son nuevas. Mantienen el aspecto típico de los pueblos vascos de interior, pero es evidente que tuvo que ser reconstruido prácticamente entero tras la Guerra Civil.

Es sencillo seguir las huellas de aquel sangriento episodio a través de las calles del municipio porque existe una guía que te acerca a los lugares más importantes. Uno de ellos es, sin duda, el refugio al que acudió la población durante el ataque de los aviones.

Hoy en día, este lugar se encuentra dentro de un bar lleno de vida que en nada se parece a los momentos de terror que tuvieron que pasar los vecinos de Gernika. Sin embargo, cuando uno entra en el búnker, cierra la puerta y le da al botón que recrea el bombardeo la angustia que se siente, aun sabiendo que es todo un paripé, es bastante sorprendente. Me explico; no hace falta haber vivido una guerra para saber que tiene que ser algo horrible. Sin embargo, el agobio y la sensación casi de pánico que me entró cuando comenzó la simulación me hizo ser consciente de que cualquier cosas que uno se pueda imaginar sobre el terror de la guerra no llega a parecerse ni un poco a lo que tiene que ser en realidad. Porque si sabiendo que todo es un teatro y que en unos 60 segundos las luces se van a encender, la puerta se va a abrir y mi vida va a continuar siendo tan feliz y afortunada como antes de este corto espacio de tiempo, a mí me dieron ganas de salir corriendo y no lloré de milagro, no me quiero ni imaginar lo que tienen que sentir las personas que viven esa realidad y no pueden huir de ella.

Casco histórico

Más allá de la historia del bombardeo y de la Guerra Civil, Gernika cuenta con un casco histórico bastante chulo y lleno de vida. Nosotros, como ya os he dicho al principio, fuimos un poco así sin pensar y no tuvimos en cuenta que, tanto el Museo de La Paz y el de Euskal Herría cierran los domingos por la tarde, así que nos dedicamos a pasear por el municipio y a tomar algo por la ingente cantidad de bares de pintxos que fuimos viendo por el camino.

Parque de los pueblos de Europa

Y después de comer y beber nada como dar un paseo por el Parque de los pueblos de Europa. Es una zona verde bastante grande y muy bien cuidada con rincones muy chulos.

Por nuestra mala cabeza y falta total de planificación se nos quedaron muchas cosas en el tintero… así que habrá que volver. Sobre todo para entrar en los museos.

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