Un día en Pasaia, Gipuzkoa

Hay veces que tenemos las cosas tan cerca que nos cuesta apreciarlas. Una terrible injusticia que yo he estado cometiendo durante muchos años con Pasaia, un precioso pueblo pesquero de la costa de Gipuzkoa. Menos mal que Ibon Martín, y sus novelas de Leire Altuna, me han permitido saldar esta deuda con mi tierra.

Magnífico el paseo que nos dimos Ramón, nuestra gran amiga Iratxe y yo por Pasaia gracias a El Faro del silencio. En el vídeo ya se ven sus maravillosos paisajes y algunos de sus puntos de interés más importantes, pero en este post os vamos a detallar un poco más su historia.

Historia

Pasaia es una localidad singular que está formada por cuatro pueblos; San Pedro, San Juan, Ancho y Trincherpe. Siendo los dos primeros el núcleo donde nació el municipio. Se trataba de dos aldeas de pescadores que fueron creciendo a orillas de la ria al calor de la actividad naviera de la zona.

Durante siglos esta ria fue objeto de disputas entre las localidades ribereñas por su control. Perteneciente originalmente al ámbito del Valle de Oiarso, dentro de lo que actualmente son los municipios de Rentería y Oyarzun, en 1180 pasó a manos de la villa de San Sebastián. En 1203 el rey Alfonso VIII crea la villa de Fuenterrabía, actual Hondarribia, convirtiendo a la Ría del Pasage, como era conocida entonces, en frontera entre ambas jurisdicciones. Así, una de las orillas quedó  en manos de Fuenterrabía, incluyendo las aldeas de San Juan y Lezo, mientras que la otra continuó perteneciendo a San Sebastián, incluyendo a San Pedro.

La aldea de San Juan tuvo que esperar hasta 1770 para independizarse de Fuenterrabia y obtener el título de villa. Sin embargo, por aquella época las aldeas todavía se mantenían separadas.

En 1805, un decreto de Carlos IV reorganiza el puerto de Pasajes. Así, todo el puerto y la ría pasaron a estar bajo la jurisdicción de un capitán de puerto y unificando todo el territorio del puerto. Para ello se segregó el barrio de San Pedro de San Sebastián y se unió a la villa de San Juan. La nueva villa se denominó Pasajes.

No duraría mucho esta situación ya que en 1808, Pasajes fue ocupado por tropas francesas. El nuevo rey, José Bonaparte, decretó en 1809 la suspensión de la segregación de San Pedro, que volvió a pertenecer a San Sebastián, volviéndose a la situación anterior a 1805. En 1813, tras ser derrocado este rey, se retornó a su vez a la situación de 1805.

Casco Antiguo de San Juan

La tradición marinera de los vecinos de San Juan antecede a la fundación de la propia Pasaia. Esa tradición todavía está patente en San Juan donde las casas de aquellos trabajadores del mar crean un ambiente único y mágico en el que perderse.

Un lugar ideal para tomarse unos txakolis y comerse unas buenas rabas. Algo así debió pensar el escritor francés Víctor Hugo que decidió quedarse una temporada en este mágico municipio. Los aficionados a la literatura podrán visitar la casa donde se estableció el autor.

El faro de la plata

Para nosotros fue visita obligada por ser uno de los principales escenarios de las novelas de Ibon Martín. Pero lo cierto es que, aunque no hubiera sido así, es un lugar al que merece la pena subir por las maravillosas vistas del mar que desde allí se tienen.

Para completar la visita, lo ideal es hacer el camino de vuelta a través de las escaleras situadas en los acantilados. Es un paseo bastante majo, así que nuestra recomendación es llevar calzado cómodo para no sufrir ningún percance. También es recomendable llevar a mano la cámara de fotos para intentar capturar el magnífico paisaje.

En cuanto al faro, no es visitable y apenas sí se aprecia su belleza desde tierra. Existen teorías que indican que el nombre de Faro de la Plata le viene por la gran importancia que este jugó durante la extracción y distribución de este apreciado material desde las minas de Oiartzun al resto del mundo.

Museo Albaola

Muchos de los barcos que recorrían el mundo en busca de ballenas salían de puertos como el de Pasaia. Por eso, en el barrio de San Pedro un astillero tradicional recuerda esas grandes expediciones y les rinde homenaje con una exposición que cuenta la historia de aquellos hombres.

Para los amantes del mar y de las aventuras es una visita imprescindible que ayudará a la imaginación a recrear aquellas grandes gestas.

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