¿Tanto se aburren las ostras?

Decimos que alguien se aburre como una ostra cuando no puede con el tedio que lo asola. Al decir esta frase, inmediatamente, se nos viene a la cabeza, por lo menos a mí, la idea de una ostra abriendo la boca. Sin embargo, en este caso, la palabra ostra no se refiere al molusco, sino a la palabra ostracismo.

El ostracismo era una forma de castigo jurídico por el cual una persona no podía ostentar ninguna responsabilidad social ni pública durante un tiempo determinado. Esta forma de castigo se daba, en muchas ocasiones, en la Antigua Grecia. Dónde, además de apartar de la vida pública a la persona que se quería castigar, se le desterraba físicamente de las ciudades, dejándolo solo y apartado de sus vecinos.

La decisión de castigar a una persona al ostracismo se tomaba mediante una votación. Los miembros de la asamblea escribían su voto en unas placas de cerámica, llamadas ostrakones, y con ellas votaban a favor o en contra. Para que una votación fuera vinculante era suficiente con una mayoría simple.

Dependiendo de la falta cometida, los castigos podían durar años. ¿Os imagináis viviendo durante años sin poder tener contacto con ningún otro ser humano? Qué duda cabe que tiene que ser una situación desesperante y muy muy aburrida. Tanto como para que, todavía en nuestros días hagamos referencia a esas personas para hablar del aburrimiento extremo.

A partir de hoy ya no me imaginaré una ostra bostezando cada vez que alguien diga que se aburre como una ostra. A partir de ahora me imaginaré a un griego solitario y apartado de la sociedad. Con esta explicación, esta frase hecha tiene más sentido.

 

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