Ser un fariseo que se rasga las vestiduras.

Hace unos pocos días he empezado a leer, por fin, Caballo de Troya, de J.J. Benitez. Hacía mucho tiempo que tenia ganas de meterle mano a este libro pero, entre unas cosas y otras, hasta ahora no lo había empezado.

Como muchos ya sabéis, puesto que se trata de una historia muy conocida, la trama de Caballo de Troya trata de un militar de EEUU que viaja en el tiempo hasta la época de Jesús. El caso es que, desde las primeras páginas de la historia, voy por la 120, salen a relucir los fariseos. Y yo, que tengo una curiosidad infinita en todo lo que respecta a la riqueza del castellano, he pensado… claro, es de esta época la expresión ser un fariseo.

Decimos que alguien es un fariseo cuando hablamos de una persona falsa que dice una cosa pero hace otra. Yo ya había oído hablar de esta secta, la de los fariseos, y lo poco que recuerdo de mis clases de religión es que no tenían demasiada fama pero, honestamente, no recuerdo mucho más. Así que lo he mirado.

Resulta que los fariseos eran, como ya he dicho, una secta judía que existió hasta el siglo II de nuestra era. Nos suenan porque aparecen numerosas veces en los evangelios como enemigos acérrimos de Jesús y sus enseñanzas. El caso es que, los fariseos proclamaban a los cuatro vientos la necesidad de vivir de una forma austera y diligente mientras ellos procuraban llevar una vida llena de caprichos. Vamos, que predicaban una  cosa y hacían, justo, lo contrario.

Pero lo más sorprendente es que los fariseos han dado origen, también, a otra expresión muy conocida. Decimos que nos rasgasmos las vestiduras cuando algo nos indigna mucho y nos pone de muy mala leche. El caso es que eso, rasgarse las vestiduras, es lo que hacían los fariseos cuando escuchaban las enseñanzas de Jesús, y lo hacían porque les daba tanto coraje oír las palabras de Cristo que utilizaban esta acto de disconformidad para expresar su rabia. La verdad es que ya te tiene que dar rabia algo para conseguir rasgar un trozo de tela así por las buenas.

 

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