Se me pasa el arroz pero no el conejo, Sandra Broa

Abriendo la agenda para anotar una rueda de prensa me he dado cuenta de que el jueves es San Valentín. Sí, me lo ha chivado el calendario porque, aunque para algunas cosas soy muy moñas, lo de el Día de los Enamorados no es algo que me entusiasme, la verdad. Quizá haya sido por eso por lo que al pensar en esta fecha en vez de venírseme a la cabeza alguna novela romántica, en la que he pensado en es en Se me pasa el arroz pero no el conejo de Sandra Broa.

 

Sinopsis: Cuando Sandra volvió a la soltería, pensaba que afrontaría esta nueva etapa con madurez y tranquilidad, pero no tardó mucho en darse cuenta de que, en cuestión de amores, se siguen haciendo las mismas tonterías con treinta años que con quince. A pesar de que todo el mundo diga que los hombres son muy simples, Sandra y sus amigas tienen la sensación de que se van encontrando a los chicos más complicados y más raros del mundo, tanto en el terreno sentimental como en el sexual. Porque, aunque en las novelas y en el cine, todo es bonito y poético cuando los protagonistas tienen sexo, en la vida real muchas veces te lo pasas mejor contándoles a tus amigas el desastre de polvo que has echado el día antes, que el rato que has estado a ello… y, en ocasiones, incluso tardas bastante más en hacerlo. Este libro nos sumerge en la vida diaria de Sandra, en las relaciones con sus amigas y en sus problemas laborales, de salud, amorosos y sexuales. Con su particular manera de contar las cosas, sin tapujos ni adornos, leer el diario de Sandra te dará la sensación de que estás hablando con una amiga.

Vi la portada de esta novela hace ya varios meses cuando curioseaba en una librería. Tengo que decir que, de entrada, este tipo de literatura no suele llamar mi atención. He leído historias de este tipo que me han gustado, como Tres son multitud de Tricia Ross, pero por lo general no es una temática que me atraiga especialmente. Sin embargo, el título de este libro da pistas de que en su interior habrá motivos para más de una carcajada. No sé si resultará muy apropiado pero, sin duda esta es mi recomendación para leer el día de San Valentín.

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