Refranes inventados y sus falsas historias; Más mejillones gana quien no tiene calcetines. Por Jorge Laplume

Nuestro equipo investigativo del otro lado del mar, recibió una inquietud de Carole Meudic, sobre un extraño refrán originario de Francia, que menciona tanto Mejillones como Calcetines.
Carol: hemos revuelto la historia hasta encontrar el hilo de tu consulta.
El refrán al que haces referencia, originalmente en Galo Oc, es muy particular. Seguramente nuestra traducción al español no sea la correcta, pero, adaptado para que todos nuestros seguidores de habla hispana puedan entenderlo, sería más o menos así:
 
(…en la repartición de bienes) más mejillones gana quien no tiene calcetines…
Su origen se remonta a unos cuantos años antes de la Revolución Francesa. Trulup Le Cormenier tenía, en lo que se conoce hoy como Languedoc-Rosellón, una humilde finca de compra venta de cosas usadas.
 
En la guerra de los 100 años (que duró 116) ese hermoso lugar fue invadido por borgoñeses e ingleses.
 
Era una lucha sin control para controlar las posesiones que los ingleses tenían allí.
 
Trulup y su hija Adabelle vivían recogiendo aquellas cosas que en la repartija posterior a la invasión, nadie se llevaba. Ellos estaban atentos a los días posteriores de los enfrentamientos armados, y cuando el castillo, por ejemplo, ya no interesaba a nadie, ellos iban y rastrillaban todo, minuciosamente. Así rescataban muebles se i destruidos, cortinados chamuscados, enceres de cocina, etc, que luego venderían a precios menores en la feria del pueblo. Eran unos precoces buscavidas cazadores de tesoros. No había ley que los cuestionara, ni competencia en lo que hacían. Luego de regreso a su finca, catalogaban lo conseguido, lo valuaban y también separaban lo que iría a caridad.
 
Cabe mencionar que ellos, si, eran muy creyentes y solidarios. Era habitual ver en su propiedad una veintena de indigentes esperando una limosna, una hogaza de pan, o un par de calcetines de lana de Lincoln, traídos anteriormente por aquellos ingleses a estas tierras. Esas medias fueron la clave de la supervivencia de cientos de abandonados.
 
Así una parte importante de la población más desprotegida, estaba “media”namente calzada. Aquella lana era ideal para zonas húmedas y su tosco punto las hacía gruesas y resistentes.
 
El problema -y nuestro refrán- surgió a raíz de eso mismo.
El impresentable gobierno local recibió una especie de subsidio de parte de Carlos Vecorta, más conocido como Carlos Quinto, -más allá que Quinto se escribe con Q y no con V….curiosidades de la historia…-
 
El mismísimo rey decidió ayudar a un pueblo batido y abatido, enviándoles toneladas y toneladas de lo que más le sobraba en París: mejillones.
 
Era prácticamente la industria más floreciente en las aguas del Atlántico y por eso había de sobra. Ya hablaremos de los pescadores de mejillones más adelante.
 
Pero como manjar de los dioses que era (los mejillones a la francesa, con mantequilla, cebolla y ajo, son insuperables) apenas llegaban a Languedoc, como si de corrupción se tratara, las clases más altas los acaparaba para sus galas bacanales y descomunales. Aquellos mejillones eran moneda de cambio para conseguir sexo por doquier.
 
Luego entonces, y recién después, lo que sobraba, ahora si, se destinaba a los pobres humildes. ¡Habrase visto tamaño atropello!
 
Pero como las porciones eran pocas ya, no alcanzaban. Allí decidieron una especie de ley muy injusta. O, también puede verse como una muy particular manera de racionarlos: aquellos que tuviesen calcetines, gracias a Trulup, tendrían hambre, pero seguramente, no pasarían frío. Entonces a los descalzos le daban sus porciones, como para compensar males. Nadie así, supuestamente, tendría Frío Y hambre al mismo tiempo, sino solo uno de los dos…
 
Así surgió el refrán de que explicaba en carteles colocados en la entrada del palacio de Hacienda: quien no tuviese calcetines, recibiría mejillones.
 
Como era de suponer, los soberbios gobernantes subestimaron la inteligencia de aquellos hombres que eran pobres pero no estúpidos. Al descubrir la artimaña, se descalzaban afuera, antes de entrar a recibir su porción. E incluso los que iban dos o tres veces, ya iban almacenando mejillones en los calcetines ahora convertidos en sacos de feria.
 
Hoy día se lo usa muchísimo cada vez que queremos remarcar nuestra supuesta justicia de darle a quien nos parece que menos tiene o que mejor hará. Inclusive aún con la seguridad de ser engañados en nuestra buena fe. Un buen ejemplo es el pago de impuestos, o los votos, donde suponemos que el destino será el correcto. Uno le da confiado a quien hará buen uso…es de suponer.
 
Dícese también que así surgió el término francés que define a los gobernantes como “medianamente” idiotas, por no darse cuenta que eran engañados -de manera tan tonta- “a medias” o “con medias” perdiendo, hasta nuestros días parte importante de la credibilidad de sus supuestos talentos para manejar situaciones.
 
Espero que les haya gustado.
Compartan. Harán feliz al niño que hay en mi.
 

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