Porque estar como un tren es un halago y no un insulto.

Analizando los datos del blog me he dado cuenta de que cada vez sois más las personas que os interesáis por las curiosidades del lenguaje. En un principio, tenía pensado darle un respiro a nuestro idioma y apostar por otros temas a la hora de escribir el post de los viernes pero, en vista de la gran demanda que existe sobre el origen de las frases hechas, he decidido estrujarme un poco el cerebro para encontrar más.

Así, buceando por la red, he encontrado una expresión que siempre me ha llamado la atención; estás como un tren. ¿Por qué me llama tanto la atención? sencillo, porque esta es una frase que se utiliza para decir que alguien es muy atractivo, sin embargo, no se me ocurre nada más feo que un tren. Y si es de mercancías, todavía peor.

Pues bien, para buscar el origen de esta expresión tenemos que retroceder en el tiempo hasta el siglo XIX, cuando se inventó el tren. Hasta ese momento, los desplazamientos, tanto de personas como de mercancías, se realizaban a caballo. Un medio de transporte más limpio pero mucho más lento.

Con la aparición de la máquina de vapor, las ciudades se llenaron, de repente, de trenes que agilizaban mucho el trabajo de las grandes empresas. Además, comparándolos con un coche de caballos, estas nuevas máquinas eran realmente imponentes y dejaban con la boca abierta a todo el que las veía por primera vez. Tanto era el asombro y la admiración que suscitaban que el hecho de que te compararan con una de ellas era todo un halago. Que alguien te dijera, en aquella época, que estabas como un tren era comparable a que te calificaran de creación perfecta.

Hoy en día, los trenes no gozan de la presencia de antaño. Muchos están sucios y, en muchos casos, muy viejos y deteriorados. Sin embargo, la expresión caló tan hondo en sus primeros años que se sigue utilizando hoy en día.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*