¿Por qué el agua de borrajas vale tan poco?

No recuerdo muy bien dónde ni cuándo fue la última vez que escuché eso de ha quedado en agua de borrajas para referirse a que al final no ha salido adelante nada de lo planeado. El caso es que no ha sido hace mucho y por eso me he acordado hoy a la hora de sentarme delante del teclado.

Hasta hace muy poco ni siquiera sabía lo que eran las borrajas. No fue hasta una conversación, hace ya unos años, con mi hermana cuando salió el tema a colación porque ella las había comprado en el mercado y estaba preguntando por el chat de la familia si sabíamos como se preparaban.

Para los incultos en materia agricultora, como yo, os diré que las borrajas son plantas que suelen tener las hojas y el tallo repleto de pelo. Son típicas del clima mediterráneo aunque se cree que son originarias de Siria y de Egipto.

Y, ¿Por qué las utilizamos para hacer referencia al fracaso? Según los expertos, a las borrajas se les atribuía capacidades de fertilidad para las mujeres. Por eso, cuando existían problemas a la hora de concebir, a la futura mamá se le obligaba a beber el caldo de su cocción. Si una vez realizado este ritual la mujer seguía sin poder tener hijos se decía que todos los intentos habían quedado en agua de borrajas.

Sin embargo, hay que matizar que en su origen más primigenio la expresión no hacía referencia a las borrajas, sino a las cerrajas que son una especie de lechuga. Este alimento también se hervía para ser consumido y el caldo que quedaba, una vez retirada la cerraja, era un agua que no tenía ningún tipo de nutriente, ni sabor, ni valor alimenticio. En resumen, que no valía para nada. El símil entre los dos vocablos fue el responsable de que se sustituyera una hortaliza por otra.

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