¿Por qué comemos uvas en Nochevieja?

Ya sé que hoy es Sábado y que según mi calendario de publicaciones me toca descansar. Pero lo cierto es que llevo descansando demasiados días ya y tenía ganas de contaros, ahora que se va acercando el día, el origen de la arraigada tradición de comerse 12 uvas al son de las campanadas de Nochevieja.

Según he podido leer en varias revistas de prestigio, entre ellas el National Geographic, esta costumbre tiene su raíz en el año 1882. En aquella época era muy habitual que, en Nochevieja, en la mesa de la Alta Burguesía no faltarán ni las uvas ni el champán. Alimentos los dos muy fuera del alcance del resto de los mortales. Sin embargo, en España siempre hemos sido muy guasones, y esa falta de presupuesto no impidió que aquel año, un grupo de madrileños decidiera ridiculizar a la clase poderosa acudiendo con dichos manjares a la Puerta del Sol a comerse doce uvas, seguramente el dinero no les daba para conseguir muchas más, al son de las doce campanadas de medianoche.

Es de suponer que, aquella primera vez, alguien tuviera que encargarse de explicar eso de que primero baja la bola, luego van los cuartos y, por último, las doce campanadas.

Seguramente es una tradición absurda, ya que nace de un intento de ridiculizar a alguien, pero lo cierto es que en mi casa siempre se sigue.

Otra tradición que a mí me gusta cumplir es la de empezar el año nuevo con ropa interior roja. Lo vengo haciendo desde hace muchos años ya. Según parece, esta costumbre viene de China, un país donde los colores rojo y amarillo simbolizan la buena suerte. De hecho, aquí la tradición es que la ropa interior sea roja pero en latinoamérica, en algunos países al menos, lo normal es que la gente se regale prendas íntimas amarillas.

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