Origen del dicho irse a hacer puñetas

¿Quién no ha sentido ganas alguna vez de mandar a alguien, o algo, a hacer puñetas? Yo diría que es algo que nos ha pasado a todos. Sin embargo, ¿Sabemos cuál es el origen del dicho? ¿Sabemos lo que estamos diciendo en realidad? Hoy te lo cuento en el blog.

Antes de entrar a analizar el origen del dicho en sí, es importante saber lo que es una puñeta. Según la RAE, una puñeta es un bordado que se coloca en algunos trajes como, por ejemplo, las togas de algunos jueces. Cabe decir que no se trata de un bordado sencillo.

Confeccionar una puñeta es un trabajo muy laborioso que requiere de mucho tiempo y mucha concentración para obtener un resultado aparente. Esta es, precisamente, la clave de este dicho popular. Mandamos a alguien a hacer puñetas cuando queremos que nos deje en paz porque nos está molestando. Si lo mandáramos a coser un botón, por ejemplo, en menos de cinco minutos estaría otra vez dándonos la paliza. Sin embargo, al encargarle una labor más complicada nos aseguramos de que estará entretenido durante un buen rato y podremos disfrutar de un rato de tranquilidad.

Pero, vamos a darle una vuelta de tuerca más al origen de este dicho. Y lo vamos a hacer señalando el hecho de que las puñetas no se confeccionaban en lugares céntricos, precisamente. Todo lo contrario, se elaboraban en lugares apartados de la civilización como cárceles o conventos. Ambos escenarios son, además, centros de reclusión. Con lo que, cuando mandamos a alguien a hacer puñetas no solo estamos queriendo insinuar que se entretenga en una ardua labor, además, queremos que lo haga lejos de nosotros y, preferiblemente, en un lugar del que le cueste salir.

 

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