Marianela, Benito Pérez Galdós

Estoy pendiente de conseguir en la biblioteca el último libro de María Oruña, Dónde fuimos invencibles, para terminar con la saga de Puerto Escondido y poder hacer una reseña de las tres novelas. Pero, hasta entonces, y mientras mis avances en las demás sagas no sean significativos, cada lunes rebusco en mi memoria novelas leídas hace tiempo para poder hablaros de ellas.

Así he llegado a Marianela, de Benito Pérez Galdós posiblemente mi primera lectura adulta. Escogí esta novela para leer en clase. Tuve la gran fortuna de contar con un profesor de literatura que no nos obligaba a leer libros concretos, sino que nos dejaba elegir el que más llamara nuestra atención. Por supuesto, antes de empezarlo, teníamos que llevarle el título y el autor para que él estableciera si era una novela apropiada para las clases que nos ocupaban pero, aún así, considero que esa es la forma de fomentar la lectura.

En mi caso no fue fácil decantarse por una novela. En mi casa siempre ha habido muchos libros y, aunque por entonces yo todavía no era la lectora que soy ahora, una vez que me paré a mirar los títulos descubrí que había muchos que despertaban mi curiosidad. Finalmente, elegí Marianela.

Sinopsis: Partiendo de un caso extraído de un tratado de Psicología, la recuperación de la visión en un ciego congénito, Galdós creó una de sus novelas más famosas. La vida trágica de la muchacha Nela, fea y deforme, enamorada del ciego Pablo a quien sirve de lazarillo, es el hilo conductor sobre el que se entrelazan tres temas: la ceguera y su posible cura, la relación sentimental y la situación socioeconómica. La maestría del escritor canario se demuestra en la articulación narrativa de las oposiciones principales: belleza física y belleza moral; industria y agricultura, el hoy y el ayer; cultura y naturaleza. La relación del ciego con su lazarillo ha quedado como una de las más bellas surgidas de la pluma de Galdós.

Han pasado muchos años desde que pasé la última página de Marianela y todavía recuerdo la emoción que sentí al leerla. Tanta, que terminé el libro en casa, y no en clase como hubiera debido hacer, porque quería disfrutar del drama en la intimidad de mi hogar y no rodeada de mis compañeros. Lloré como una Magdalena. Muchas veces he pensado en volver a cogerlo pero, guardo tan buen recuerdo de esta historia que me da un poco de miedo que, el paso de los años y mi propia experiencia de vida, me hagan descubrir otra lectura menos fascinante. No sé, quizá lo haga o quizá no… ya veremos.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*