Los niños que dejaron de sonreír, Fran Santana.

Los niños que dejaron de sonreír es el primer libro de Fran Santana, un albañil de la localidad vizcaína de Etxebarri que tras quedarse en paro probó suerte con la literatura, un mundo en el que se desenvuelve con cierta soltura. Esta novela llegó a mis manos porque el amigo de un amigo lo conoce y me lo regaló para que pudiera leerlo. Y la verdad es que tengo opiniones encontradas sobre él.

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Sinopsis: El millonario Ángel Márquez ha aparecido brutalmente asesinado en el puerto de Getxo. Cuando el mejor departamento de la Ertzaintza se hace cargo de la investigación, sus agentes creerán enfrentarse a una simple venganza por los negocios fraudulentos del empresario. Nuevos crímenes les pondrán sobre la pista de una terrible historia acontecida en el pasado, cuyo sangriento legado sigue empapando el presente.

Como punto a favor la novela transcurre en lugares que me son conocidos. Bilbao, Basauri, Etxebarri… son localidades que conozco muy bien por caer cerca de dónde yo vivo y eso siempre hace que uno se identifique con la historia. Aunque, es cierto, que para las personas que no sean de esta zona esta puede ser una limitación a la hora de conectar con los protagonistas.

La trama de la novela también es muy interesante y atrapa desde el principio. Si bien hacia la mitad del libro uno empieza a perderse un poco entre tanto personaje y tanto salto en el tiempo. Este es el fallo que le he encontrado a la narración, y con el que coincide algún que otro lector. Yo creo que Santana no profundiza mucho en algunos de los personajes y eso hace que uno no sepa identificarlos a medida que va avanzando la historia. Si se lee el libro del tirón (no es demasiado largo) puede que no se cree este problema. Pero si, por el motivo que sea, no se dispone de mucho tiempo para leer con regularidad los más seguro es que tengas que volver hojas para atrás para ubicar a cada uno de los personajes. Eso sí, una vez superada la parte media del libro el final es bastante bueno.

En definitiva, Los niños que dejaron de sonreír, es un libro para tener paciencia. Si cae en vuestras manos, yo os recomiendo leerlo y aguantar ese punto en el que dan ganas de dejarlo de lado, porque el final merece la pena ser leído.

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