La historia de Europa a través de la biblioteca de Lovaina, Bélgica.

Normalmente los viernes siempre publico algo relacionado con dichos populares y el origen de los mismos. Desde mi punto de vista, es una forma diferente de ver la historia de nuestro lenguaje y, a través de él, también de nuestro país. Pero hoy voy a hacer algo diferente. No voy a hablar del castellano, ni siquiera de España, aunque sí voy a seguir hablando de historia. Concretamente de la historia de la Biblioteca de Lovaina.

Por un día, voy a abandonar nuestra tierra y me voy a ir hasta Bélgica, aunque sólo lo haré de forma figurada. Los que seguís mis redes sociales sabéis que esta pasada semana he estado pasando unos días de vacaciones en este país, visitando lugares como Bruselas, Brujas, Gante… y también Lovaina. Lo cierto es que nos acercamos a esta ciudad sin saber lo que nos íbamos a encontrar. ¡Cual fue nuestra sorpresa al descubrir uno de los mayores tesoros del país y de Europa!

La biblioteca de Lovaina forma parte de los edificios que conforma el campus de la universidad de la ciudad. Su construcción data del siglo XV, aunque no será hasta 1636 cuando la Biblioteca Central abra sus puertas. Este nuevo emplazamiento se localizó en lo que, anteriormente, había sido el Mercado de los Paños. Lógicamente, este edificio tuvo que ser remodelado para adaptarlo a su nuevo fin. Así, en 1725 se construyó una impresionante sala de lectura de estilo barroco tardío.

Comienzan las desgracias para la biblioteca

Sin embargo, esta no será la sede final de la biblioteca de la universidad de Lovaina. Con la Revolución Francesa muchos de los libros que en ella se guardaban cambiaron de domicilio. Algunos de ellos fueron a parar a París mientras, otros tantos, acabaron en Bruselas. Se desmembró así la Biblioteca Central de Lovaina.

Ante la desaparición de todos los ejemplares que formaban la biblioteca, la universidad de Lovaina se vió obligada a empezar su colección de nuevo. Así, en 1835 se escoge Namurstraat para ubicar la nueva biblioteca. En ella se atesorarán más de 300.000 ejemplares, muchos de los cuales fueron fruto de multitud de donaciones.

En 1914, durante la Primera Guerra Mundial, tendrá lugar el capítulo más trágico de la biblioteca de Lovaina. Durante varias semanas los alemanes ocuparon de forma pacífica la ciudad belga, sin embargo, el 25 de agosto de ese año prendieron fuego al edificio de la biblioteca acabando con todos los ejemplares que en él se albergaban. La destrucción de este centro de conocimiento y saber causó tal impresión entre los países aliados que, antes incluso de terminar la guerra, comenzaron una campaña de donaciones para su reconstrucción. Tan grave fue esta acción para el bloque aliado que llegaron a incluir dentro del Tratado de Versalles, por el que se ponía fin a la contienda, un artículo que obligaba a los alemanes a donar 13.000 marcos en libros para la reconstrucción de la biblioteca de Lovaina.

Pero no solo había que reponer la colección de libros, también era necesario un edificio que los albergara, ya que el anterior había quedado reducido a cenizas. Fueron los norteamericanos quienes financiaron la nueva sede de la Biblioteca de la Universidad de Lovaina. La nueva sede se localizó en Mgr.Ladeuzeplein. El encargado de su diseño fue Whitney Warren, quien levantó uno de los edificios más impresionantes de la ciudad.

Con la explosión de la Segunda Guerra Mundial, la desgracia volvió a caer sobre esta biblioteca. En 1940 Lovaina volvió a ser ocupada por los alemanes y su biblioteca volvió a ser pasto de las llamas. Por lo que tuvo que ser reconstruida de nuevo.

En 1968 tuvo lugar el último episodio trágico de este edificio. Está vez serán los propios belgas los que, con su lucha lingüística entre francófonos y neerlandófonos, dividan esta institución en dos partes. Serán los neerlandófonos los que se queden en el edificio de Lovaina. Como curiosidad, a la hora de repartir los libros entre las dos escisiones se hizo de la siguiente manera, los ejemplares pares se marcharon junto a los francófonos mientras que los impares se quedaron en las mismas baldas donde habían permanecido siempre.

La historia de esta institución es, cuando menos, curiosa. Muestra la mejor y la peor parte del ser humano. Solo por esto ya merece la pena hacerle una visita pero, además, el edificio donde se alberga es tan impresionante que, solo por verlo, merece la pena acercarse hasta Lovaina.

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