La educación sentimental, Gustave Flaubert

A pesar de que se sometió a votación y fue la lectura que salió ganadora,en el Club de Lectura de Orduña no nos ha gustado mucho La educación sentimental de Gustave Flaubert.

A grandes rasgos, la sensación que hemos tenido es que es una lectura demasiado pesada con una trama totalmente inexistente en la que no ocurre nada. Además, la gran cantidad de personajes que aparecen y la poca historia que Flaubert les dio hace que, en ocasiones, resulte complicado tener claro de quien se está hablando. Leí en algún sitio que en las primeras traducciones que se hacían de La educación sentimental se traducían también los nombres de los personajes al español, cuando lo leí me pareció algo terrible pero una vez comencé con la novela, reconozco que hubo momentos en que eché de menos que los protagonistas no tuvieran nombres más sencillos de recordar para mí.

Sinopsis: En la cubierta del barco que le lleva de París a su ciudad natal, Frédéric Moreau se quedará prendado de la belleza de la señora Arnoux, punto de arranque de las tribulaciones de un joven que sueña con alcanzar fama y fortuna y que, de regreso a París, frecuentará al señor Arnoux para estar cerca de su secreto amor. Todo ello tendrá lugar en un escenario esplendoroso, el París de mediados del siglo XIX, la capital de la burguesía emergente, donde la intensidad del placer se mezcla con el inevitable tedio y el resplandor de uno de los períodos cruciales de la historia europea: la revolución de 1848.

Pero no todo fueron malas críticas. A pesar de que la historia no nos enganchó y que la lectura se nos hizo pesada, si hemos sabido apreciar el gran trabajo que realizó Flaubert en cada una de las descripciones que hace en la novela, que no son pocas. Si bien es cierto que en las quinientas páginas que tiene La educación sentimental no pasa absolutamente nada, también es cierto que describe a las personas y los lugares de manera tan minuciosa que parece que lo estuvieras viendo. Además, estas descripciones están hechas con palabras muy sencillas, sin necesidad de grandes florituras.

De hecho, este fue el objetivo de Flaubert cuando decidió escribir La educación sentimental. Su idea era crear una novela que no tuviera trama para que el estilo literario y las descripciones no se vieran llevadas a un segundo plano por la intriga de la historia. La verdad es que lo consiguió de pleno. Efectivamente en La educación sentimental no se cuenta una gran historia, si bien resulta una bonita lectura para apreciar las grandes cosas que se pueden conseguir con un buen manejo del lenguaje. En este sentido, y como obra del realismo que es, me recordó bastante a cuando leí La Regenta, aunque la novela de Alas Clarín sí tiene una trama más trabajada.

Como curiosidad, y para terminar con esta reseña, decir que La educación sentimental es una novela con grandes dosis de autobiografía. Al igual que su protagonista, Flaubert también se enamoró perdidamente de una mujer casada bastante mayor que él. Además, también dejó sus estudios de derecho por la mitad para dedicarse a escribir.

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