Hacer el primo

Dada la cercanía del 2 de Mayo y que me estoy aficionando a los viajes a Madrid… creo que este dicho, hacer el primo, resulta de lo más adecuado para el post de hoy.

Acabo de llegar de pasar un fin de semana en la capital del reino, he estado visitando a mi hermana y haciendo un poco de turismo. Como combinación de las dos cosas organizamos una visita por el Madrid de los Austrias en la que se nos contó dónde y cómo comenzó el 2 de Mayo. Sí, soy plenamente consciente del salto histórico pero, qué queréis, en Madrid han ocurrido muchas cosas y algunas de ellas comparten escenario.

goya

Os cuento todo esto porque, precisamente, la frase de hoy, hacer el primo, tiene su origen en la sublevación del 2 de Mayo.

Decimos que alguien está haciendo el primo cuando se está dejando engañar con facilidad. Pues bien, este dicho viene del protocolo real por el cual Fernando VII llamaba, en sus escritos, primos a los miembros de su familia que no ocupaban la primera línea de importancia, es decir, a los segundones. Este mismo protocolo fue utilizado, para ridiculizarlo, por el General Murat en una misiva que envió al Infante Don Antonio. En dicha carta, Murat formulaba una serie de amenazas contra todo aquel que se hubiera levantado contra los franceses, faltando, claramente, el respeto a su real destinatario.

De esta manera, el pueblo, levantado en armas, relacionó el vocablo primo con la pusilanimidad con que el Infante reaccionó ante las amenazas de Murat. Desde ese momento, los españoles comenzaron a utilizar ese término, a modo de mofa, para describir a todos aquellos que se dejaban engañar sin hacer nada por evitarlo. Acepción que ha llegado hasta nuestros días.

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