Hace un sol de justicia

Quizá hoy no sea el día más indicado para buscar el origen de la expresión hace un sol de justicia. No sé qué tiempo estará haciendo en vuestros lugares de residencia, pero desde luego en Bizkaia está que no sabe si llover o despejarse.

En cualquier caso, como me encuentro en pleno proceso de reincorporación a la rutina, que no al trabajo donde llevo ya casi tres semanas, la nostalgia por las vacaciones pasadas me invade. Para aquellos que no lo sepáis, he estado pasando unos días en Marrakech, donde, desde luego, hacía un sol de justicia.

Para buscar los primeros usos de esta expresión debemos regresar a aquellos juicios donde se dejaba en manos de Dios la liberación o no de los presos. Tal y como muchos de vosotros sabréis, durante los años que estuvo vigente en Europa la Santa Inquisición, muchos eran los hombres y mujeres torturados sin cesar bajo la creencia de que, si eran inocentes, Dios les libraría de todo sufrimiento y pasarían por aquellas duras pruebas sin sufrir lo más mínimo.

Nuestra expresión de hoy hace referencia, precisamente, a una de esas torturas. El procedimiento era tan aterrador como sencillo. Consistía en dejar al reo al sol durante horas, o incluso días, sin ningún tipo de alimento ni agua. De esta manera era Dios, encarnado en una de sus más poderosas creaciones, el astro Rey, quien determinaba si el preso moría o no. Si el pobre desgraciado lograba pasar la prueba, los jueces argumentarían que el Santísimo había determinado su inocencia, librándole de la muerte. Si por el contrario fallecía, habría sido el castigo por sus pecados la causa de su muerte.

En cualquier caso, habría sido el Sol quien habría impartido justicia. Dando así origen a esta frase hecha de uso tan común en nuestros días.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*