El Regalo, Eloy Moreno

Hace ya más de un año que estuve en la presentación de El Regalo de Eloy Moreno. En aquel momento se trataba de un autor totalmente desconocido para mí del que nunca había leído absolutamente nada. Sin embargo, Eloy Moreno es una de esas personas que no dejan indiferente a nadie. Una vez terminado el acto, supe que tardaría en tener un libro suyo entre mis manos, porque no tengo tiempo para todos, pero estaba segura de que algún día El Regalo caería.

“No voy a contar de qué va el libro que sino no lo compráis y yo vivo de esto”, con esta broma comenzaba Eloy Moreno la presentación de “El regalo”.

Como digo, han pasado bastantes meses desde aquella presentación y, para mi sorpresa, no fue El Regalo la primera novela que descubrí de este autor. Antes de conocernos físicamente, Ramón y yo hicimos un intercambio de lecturas a través de nuestra intermediaria favorita. Yo le dejé Patria y él a mí Lo que encontré bajo el sofá.

Lo que encontré bajo el sofá, Eloy Moreno

El motivo por el cual, por fin, me puse con El Regalo son las excursiones que el propio Eloy Moreno organiza a Alarcón, lugar en el que está inspirado el escenario principal de la novela. Me encanta conocer los sitios sobre los que he leído y, tener la oportunidad de hacerlo con el propio autor fue motivo más que suficiente para que me pusiera con él, todavía no sé si podremos ir pero, por si acaso hay que tener los deberes hechos. A esto, además, hay que sumar las buenas críticas que he visto por la red y los comentarios de las personas de mi entorno que lo han leído. Todos coinciden, El Regalo es una historia que te hace reflexionar sobre la vida que llevamos.

 

Sinopsis: Y llegamos a un lugar que, aún a día de hoy, no sabría muy bien cómo definir. Quizá es ese sitio al que te trasladas cuando suena el timbre del recreo, o allí donde vamos al cerrar los ojos justo antes de soplar las velas, o el viento en el que flotamos al recibir uno de esos abrazos que nos sostienen el cuerpo, las dudas y los miedos… ¿Quién sabe? O quizá no era más que la parte trasera del armario en el que se había convertido mi vida: ahí donde se almacenan prendas que jamás volverás a ponerte pero que te da pena tirar.

Antes de nada quiero dejar claro que esto no es una crítica negativa. Con todo lo que voy a exponer ahora no quiero decir que El Regalo no me haya gustado porque no es así. Me parece una buena historia que se lee de forma muy rápida y que tiene un final sorprendente. Lo que pasa, es que yo no me he sentido identificada ni con el protagonista ni con su estilo de vida. Lo que no quiere decir que no me haya hecho pensar.

Las conclusiones a las que he llegado son primero, que soy una persona muy afortunada. Y segundo, que si realmente esta historia ha hecho removerse las tripas de tanta gente es que soy más afortunada de lo que yo pensaba. Supongo que tendemos a creer que nuestras experiencias de vida son normales y que todo el mundo vive, más o menos, de la misma forma que nosotros. Sin embargo, viendo la cantidad de gente que se ha sentido identificada con las situaciones que describe Eloy Moreno en El Regalo, me doy cuenta de que mi infancia ha sido realmente feliz. No es que no lo supiera antes, pero la novela me ha hecho ser más consciente. Desde que soy bien pequeña recuerdo a mis padres jugando conmigo y con mi hermana, dándonos muchos abrazos y muchos besos, diciéndonos muchas veces que nos quieren y pasando todo su tiempo libre con nosotras. Con el paso de los años los juegos fueron cambiando hasta desaparecer pero no así las muestras de cariño. Siempre me he sentido arropada y apoyada por ellos y han respetado cada una de mis decisiones, las acertadas y las equivocadas, con una sonrisa, con palabras de aliento y preparados para amortiguar el posible golpe. Quizá por esa educación emocional que he recibido soy una persona a la que no le cuesta decir te quiero a la gente que quiero. Se lo digo a Ramón varias veces al día, se lo digo a mis amigas cada vez que tengo ocasión y, por supuesto, a mis padres y hermana cada vez que hablo con ellos. No me cuesta, no me da vergüenza y no concibo que sea de otra manera.

En cuanto a perseguir mis sueños… No sé si tengo algún sueño que marque mi vida. Siendo sincera debería decir que no. Hay cosas que me gustaría y que me harían ilusión pero no suponen el Leitmotiv de mi existencia. Lo que sí he practicado siempre es eso de salir de las situaciones que no me hacen feliz. Tanto las personales como las profesionales. Hay veces que he tardado más en dar el paso que otras pero tengo claro que a este mundo se viene a pasarlo bien y que, sin perder de vista que hay facturas que pagar, no merece la pena aguantar una situación que te desagrada solo porque hay dinero a cambio. El dinero es importante, por supuesto, pero no es lo fundamental.

Más que una reseña me ha quedado una sesión de psicoanálisis pero, creo que, de eso va un poco El Regalo, ¿No? de reflexionar sobre lo que estamos haciendo con nuestra vida, sobre a qué damos prioridad en nuestro día a día y sobre las cosas que vamos dejando, vamos dejando hasta que las dejamos del todo.

 

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