El otro árbol de Gernika, Luis de Castresana

He escuchado a mi madre miles de veces hablar de lo mucho que le gustó El otro árbol de Gernika, de Luis de Castresana. Por eso, desde hace muchos años tengo ganas de leerlo, aunque siempre ha sido la típica novela que, por mucho que quieras meterle mano, siempre mantienes en la lista de pendientes.

Así que debo admitir que de no haber sido porque ella me ha buscado a mí, igual no la había leído nunca. Me explico, el otro día me acerqué hasta la biblioteca de Barakaldo en busca de algún libro que me motivara. Ya os he dicho que debido al exceso de trabajo he entrado en una especie de apatía lectora en la que todo me da mucha pereza. Pues con esa disposición pensé que lo mejor iba a ser seguir el orden establecido en el reto lector de este año, sí ese que llevo tan fatal, y por ello comencé a buscar autores o autoras cuyos apellidos empezarán por C. La verdad es que no tuve necesidad de dedicar demasiado tiempo a esta actividad porque El otro árbol de Gernika enseguida me dio al ojo y ahí terminó la búsqueda.

Sinopsis: Tierno y, a la vez, duro relato de las peripecias de aquellos niños y niñas obligados a salir de España para protegerles de la crueldad de una guerra que nunca debió existir. Emociona tanto si se lee en Euskadi, como en Francia, en Inglaterra o en Japón, en cuyos respectivos idiomas se ha publicado también 

Es un libro precioso, así de simple y así de rotundo. Además, ha sido una grata sorpresa averiguar que el niño que cuenta la historia, que es el propio autor aunque con tintes novelados, es de Barakaldo y que mi ciudad de adopción juega un papel importante dentro de la trama.

La novela tiene un comienzo muy duro, toda la historia es fuerte pero creo que las primeras páginas son las peores. En ellas se narra como cientos de niños fueron separados de sus padres para evitar así los peligros de la guerra. No paré de llorar ni un segundo, sentí una angustia terrible.

Luego la cosa se suaviza un poco. No porque la situación deje de ser terrible, sino porque, los niños siempre aportan una visión mucho más esperanzadora incluso de las situaciones más horribles. Confieso que incluso he soltado alguna carcajada entre lágrima y lágrima.

Es una historia que recomiendo encarecidamente, no solo porque sea una buena novela sino porque pienso que todos deberíamos tener presente que cosas como esta no son ficción, que han pasado en este país y siguen pasando en muchos otros. El ser humano es capaz de hacer cosas terribles y no viene mal mirar, de vez en cuando, cuales son las consecuencias de esos actos.

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