El Leviatán de Babel, Hagar Yanai

El género fantástico no me entusiasma demasiado. No he leído mucho, más bien nada, de este tipo de literatura pero es que no me llama la atención. Precisamente por eso incluí en el reto 2.017 un libro de esta temática. Puede parecer que no tiene demasiado sentido, lo sé, pero uno de los objetivos de marcarse un reto lector es el de abrir la mente a nuevas experiencias. Como no me llama demasiado la atención este tipo de novelas no suelo leer ninguna dándoles muy pocas oportunidades de que algún día me seduzcan. Pero, para ser honesta, tengo que decir que siguen sin decirme nada.

Uno de los principales problemas que me encontré a la hora de elegir un libro de ciencia ficción fue que no tengo ni idea de que autores existen o que historias pueden ser interesantes. Como no me quería gastar dinero en un género que no es de mi agrado me fui a la biblioteca con la esperanza de encontrar, fácilmente, alguna novela aceptable. Aquí comenzaron mis problemas. El primero de ellos es que no es lo mismo fantasía que ciencia ficción. Esto es algo que yo no sabía pero, resulta, que la ciencia ficción es todo aquello que tiene que ver con la ciencia, por muy disparatado que resulte, mientras que la fantasía cuenta historias basadas en lugares o personajes inverosímiles del todo. Para que se entienda más fácil, la ciencia ficción serían los viajes en el tiempo o un mundo gobernado por robots, mientras que en la fantasía aparecen dragones y elfos. Cómo en el reto especifiqué que la lectura tenía que de este segundo tipo descarté algunas historias que me parecían interesantes, como Caballo de Troya.

Cómo decía, con este nuevo conocimiento en mi cerebro me puse a buscar un libro de fantasía y me encontré con un segundo problema. La mayor parte de lo que se escribe en este género son sagas. Hay muy pocos libros que empiecen y terminen, punto, se acabó. No quería empezar una saga, porque ya sabía yo que no me iba a enganchar demasiado, quería una lectura sencilla, algo liviano con un principio y un final. Después de una hora revisando libros en la biblioteca y comprobando en Goolge que no pertenecieran a ninguna saga, me llevé a mi casa El Leviatán de Babel, de Hagar Yanai.

Sinopsis: Un ladrón se infiltra en el laboratorio del doctor Emanuel Margolis —un reputado científico que está trabajando para acabar con la depresión y la tristeza en la humanidad—, robando la medicina con la que el doctor pretende curar a su esposa Tammy, que languidece en un hospital psiquiátrico. Sus hijos, Yonatán y Ela, siguen al ladrón a una Babilonia antigua, donde se encuentran con un mundo fantástico en el que coexisten la magia y la ciencia, los demonios y las máquinas.  Esta Babilonia está gobernada por el Emperador y la terrible Orden de los Ajshadrapanim. Estos controlan a la población, sobre la que se cierne la amenaza de la Plaga de las Manchas Tenebrosas, una terrible enfermedad que se originó en el Abismo y que hace que los que la sufren caigan en una profunda depresión. Pero un ejército rebelde se está preparando en las montañas. Están comandados por el caudillo Hilel Ben Shajar, que según los chamanes fundará una nueva dinastía y acabará con el poder de la Orden.
Mientras, en todo el reino crecen los rumores acerca de la llegada de un Leviatán, una ballena de tamaño y poderes extraordinarios.

Tal y como esperaba, la novela no terminó de engancharme. No voy a negar que, en ocasiones, tiene su gracia y es moderadamente entretenida. Pero hay ratos en los que más parece un relato de autoayuda que una novela. Hay tramos en los que me recuerda un poco a la película Del revés, porque el texto parece querer transmitir el mensaje de lo importante que es canalizar algunas de nuestras emociones a través de la tristeza y que la melancolía no es un sentimiento tan negativo como puede parecer. La moraleja viene a ser que, el hecho de que no exista la tristeza no significa que la sociedad sea perfecta. Que muchas veces se nos reprimen ese tipo de sensaciones porque parece que estar triste es un signo de debilidad y que siempre tenemos que estar contentos y felices para tener una vida plena. Cuando, lo cierto, es que la melancolía forma parte del ser humano y es tan necesaria como cualquier otra emoción.

Logré terminar el libro en un plazo razonable de tiempo, aunque admito que tuve que intercalar otras lecturas para hacerlo más ameno. He oído por ahí que, en contra de lo que yo pensaba, se trata de una saga. De ser así, no creo que lea ninguno más. Es entretenido pero, definitivamente, la fantasía no es mi género.

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