El Cónclave, de Robert Harris

Definitivamente con El Cónclave, de Robert Harris, me equivoqué. Estaba buscando un autor cuyo apellido empezará por la letra H para ir completando el reto que me he marcado para este año y me dejé llevar por las opiniones expresadas en diferentes periódicos de prestigio. Sinceramente, creo que todos los que escribieron cosas como; Apasionante, la versión eclesiástica de House of Cards, o realmente no han visto esta serie o son muy amigos del autor.

Mi idea inicial fue leer La Dama de París, de Víctor Hugo. Sin embargo, la edición de esa novela que tenemos en casa me echó un poco para atrás. Son unas 500 páginas de letra enana y sin márgenes. Me resultó una lectura un poco agobiante, la verdad. Debería haber hecho caso a ese primer instinto y haber buscado un ejemplar más amigable en la biblioteca. Ese sí hubiera sido un acierto.

 

Sinopsis: El Papa ha muerto. En la Capilla Sixtina, a puerta cerrada, ciento dieciocho cardenales procedentes de todos los rincones del globo emitirán su voto en la elección más secreta del mundo. Son hombres de fe. Pero tienen ambiciones. Y rivales. En las próximas setenta y dos horas uno de ellos se convertirá en el líder espiritual con más poder de la tierra.

El caso es que con unas expectativas realmente altas, me encantan los thrillers religiosos, me asomé a El Cónclave esperando el crimen de algún cardenal a puerta cerrada durante la elección del nuevo Papa. Ese asesinato nunca llegó. Lo que sí llegaron fueron 8 lentos escrutinios para determinar quién sería la nueva cabeza de la Iglesia Católica. Realmente el título de la novela no deja lugar a dudas porque eso es lo que cuenta, un cónclave. Ni más ni menos.

Más allá de resultar una lectura bastante lenta y tediosa, lo único que le puede dar un poco de vidilla, que es el inesperado final, no es tan inesperado como me hubiera gustado. Realmente existen novelas que, aunque su lectura no resulte apasionante, en el último momento dan un giro inesperado y de repente, unas cuantas líneas hacen que todas las páginas anteriores hayan merecido la pena. Desde luego que este no es el caso de El Cónclave. El autor lo intenta, pero da una pista demasiado evidente hacia la mitad de la lectura que hace que esa guinda del pastel sea totalmente previsible.

 

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