Diferentes orígenes para la expresión; estar a dos velas.

El otro día fue el cumpleaños de mi hermana. Ella y una amiga estaban preparando la celebración cuando se acercaron donde mi madre a preguntarle si teníamos velas en casa. La respuesta fue confusa; puede que haya alguna en este cajón, sino mira en este otro que creo que también hay alguna o en nosequé armario creo que también puede haber,… me llamó poderosamente la atención la cantidad de velas de tarta que teníamos guardadas por toda la casa y así lo hice notar. Lo que no esperaba fue la respuesta de mi tío quien, con mucho criterio, nos contó que la tenencia de velas en las casas era sinónimo de riqueza y poder en la Edad Media y que, en otros tiempos, tanta vela de tarta nos daría prestigio entre nuestros vecinos. Nos hizo gracia el comentario pero, también nos dejó pensando… ¿Será ese el origen de la expresión estar a dos velas?

Estar a dos velas

Se dice que uno está a dos velas cuando no tiene dinero. De ahí nuestra deducción; si en la Edad Media tener muchas velas era sinónimo de riqueza, la falta de ellas significaba, lógicamente, que no se tenía dinero para pagarlas.

Lo cierto es que, si bien esto no es del todo así, mi tío no estaba mal encaminado.

Distintas teorías

Existen varias teorías sobre el origen de esta expresión y, aunque en todas sale el dinero a relucir, son muy diferentes unas de otras.

La primera de ellas, tiene que ver con la Iglesia y nos la da el filólogo gaditano José María Sbarbi. Según este entendido, la expresión proviene de la costumbre de apagar todas las velas en las iglesias una vez que había terminado la misa. Todas, menos las dos que alumbraban el altar mayor. La luz tenue que ofrecían los dos cirios daban a la iglesia un aspecto pobre y desangelado, como el que tiene uno cuando no cuenta con dinero para comprar cosas bonitas que lo adornen.

Una opinión mucho más profana es la que ofrece el lexicógrafo navarro José María Iribarren que sitúa el origen de este dicho en las timbas de cartas. Según esta teoría, antiguamente, quien tenía la banca en las partidas de cartas colocaba una vela a cada lado del dinero. De esta manera, cuando un jugador tenía una buena racha y le iba ganando el dinero a la banca, el montón que había entre esas dos velas iba bajando llegando, en alguna ocasión, a desaparecer del todo. Cuando esto ocurría, la banca quedaba, literalmente, a dos velas.

Existe una tercera teoría que indica que esta expresión proviene del mundo náutico. Así, cuanta más riqueza tenía el propietario de un barco más con más velas contaba su navío. De esta manera, aquellas que solo tenían dos velas eran las embarcaciones de la gente más pobre. Viene a ser parecida a la conclusión a la que llegamos en mi familia, aunque nos equivocamos de velas.

De todas las teorías que hemos visto hasta ahora, esta última es la que más visos tiene de ser cierta. Según muchos etimólogos, la expresión estar a dos velas tiene su origen en los velatorios. Aquí, una vez más, vemos como tener muchas velas alrededor del cuerpo es sinónimo de riqueza. Así, los muertos ricos tenían muchas velas y los muertos pobres apenas sí contaban con dos.

 

No se sabe, a ciencia cierta, cual de todas estas teorías es la que explica el verdadero origen de esta expresión. Quizá, incluso, vosotros conozcáis alguna más. Yo, a falta de una confirmación más veraz, me voy a quedar con la que se nos ocurrió a nosotros. ¿Y vosotros?

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