Desde Santurtzi hasta Sestao

Normalmente mi trabajo lleva a tener que salir corriendo de una rueda de prensa para asistir a otra o para llegar a casa a escribir el texto lo antes posible. Sin embargo, a veces se alinean los planetas y entre un acto y otro tengo tiempo de darme un paseito. Eso es lo que he hecho hoy, caminar desde Santurce a Sestao por toda la orilla…

Mientras recorría el camino que tantas veces hicieron las sardineras santurtziarras para vender su mercancía en Bilbao, no he podido dejar de pensar en las maravillosas historias que habrá detrás de las miles de personas que, durante tantos años, dieron vida a la ria del Nervión. Entonces, me he acordado de los libros Verdes valles colinas rojas de Ramiro Pinilla que tanto me gustaron.

Verdes valles colinas rojas, Ramiro Pinilla

No sé si habrá más libros ambientados en esta parte de la geografía vizcaína, francamente espero que sí. Lo que sí tengo claro es que este pequeño rincón esconde historias increíbles.

He comenzado el paseo, como digo, en el puerto marinero de Santurtzi. Este lugar tiene una peculiaridad bastante grande y es que las casas de los pescadores no se encuentran a pie del agua, como ocurre en otras localidades que han vivido del mar, sino que están en un alto desde donde se ve el horizonte y desde donde era sencillo ver acercarse a los barcos que tenían como destino este puerto. Una vez divisados los buques, los encargados de cada compañía tocaban la campana para avisar  a sus compañeros de que había trabajo. Así, los hombres que residían en estas casas bajaban corriendo al puerto, se subían en sus traineras y remaban sin descanso hasta llegar al barco. La primera compañía en llegar era la encargada de guiar al buque hasta bocana teniendo derecho a hacerse con la mejor mercancía. Sin duda era una dura competición que tenía como premio unas mejores ganancias con las que abastecer a las familias de estos vecinos. Con el tiempo, esta carrera se empezó a hacer como hobbie dando paso a las regatas.

Siguiendo por el paseo, he salido de la localidad marinera para adentrarme en Portugalete. La verdad es que el paso de un pueblo a otro se hace sin que uno se de cuenta porque están totalmente unidos. Ya en la villa jarrillera he pasado delante del Muelle de Hierro. Esta obra de ingeniería es una de las más originales del mundo y la artífice de que en Bizkaia despuntara la industria. El puerto de Bilbao tenía fama de ser bastante peligroso y era un lugar donde muchos barcos había naufragado al intentar entrar. Para salvar ese escollo, el ingeniero Evaristo de Churruca decidió construir un dique de 800 metros ligeramente curvado que prolongara el que ya existía en Portugalete. Sin embargo, no había dinero para acometer una obra que era urgente para levantar el comercio en la comarca. Por lo tanto, haciendo honor al dicho de que la necesidad agudiza el ingenio, se decidió utilizar hierro para su construcción, un material que abundaba en la zona debido a la cercanía de las minas.

Avanzando en la caminata nos damos de frente con el Puente Colgante. Durante el año pasado ha estado celebrando su 125 aniversario, una edad nada desdeñable si tenemos en cuenta que continúa en pleno funcionamiento e integrado totalmente en la vida de los ciudadanos de las dos orillas que une. El Puente Bizkaia, como realmente se llama, fue el primer puente transbordador construido en el mundo con una estructura mecánica y sirvió de modelo para realizar todos los demás.

Pero, no solo fue el primero, sino que también ostenta el honor de ser uno de los pocos que sigue funcionando. Dicen las malas lenguas que en su inauguración, la regente María Cristina disfrutó tanto del paseo sobre las aguas del Nervión que hizo que la barquilla realizará unos siete viajes.

Dejando atrás el puente nos vamos acercando hasta Sestao. Al fondo, los restos de lo que un día fue el motor de la industria en Bizkaia. Grúas y hornos que dan fe de la tremenda actividad que un día se vivió alrededor de las aguas del Nervión. Una actividad ya desaparecida de la que solo quedan los recuerdos.

 

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