Cinco horas con Mario, Miguel Delibes.

Me llevé Cinco horas con Mario de vacaciones a Italia. Nunca viajo sin un libro, aunque me vaya a pasar el día haciendo turismo, siempre hay un rato para descansar delante de una buena novela. Y en esta ocasión, le toco a la obra de Miguel Delibes subir conmigo a un avión.

Estoy convencida de que todos hemos oído hablar de Cinco horas con Mario, no en vano está incluida en la lista de las 100 mejores novelas del siglo XX en español que realizó el periódico El Mundo con ayuda de críticos y lectores. Pero, conocer la obra no significa haberla leído. Eso me pasaba a mí. Conocía la sinopsis, conocía al autor, sabía que se han estrenado multitud de obras de teatro basadas en esta historia,… pero no había abierto el libro hasta que me vi subida en aquel avión sin más lectura. Remarco esta situación porque, admito que, de haber contado con alguna otra novela durante las dos horas y media que duró el vuelo seguramente no hubiera pasado de las primeras páginas. La lectura del primer capítulo de Cinco horas con Mario no puede ser más tediosa y más caótica. De haber tenido otro libro conmigo, sin duda, ahí habría terminado mi aventura con Mario, menos mal que sólo pude subir uno conmigo a la cabina. Y digo menos mal porque, una vez salvado el escollo de las primeras páginas, la obra se vuelve mucho más entretenida, incluso divertida, dentro de lo trágico de la situación y del modo de vida de la época.

Sinopsis: Una conservadora mujer de clase media vela el cadáver de su marido. A través de un soliloquio, la esposa recuerda los muchos aspectos insatisfactorios de su vida conyugal. La Biblia de cabecera de Mario está subrayada con pasajes y a partir de estas citas, Carmen va desgranando sus pensamientos reprochándole su integridad moral y su falta de ambición

Una vez leída la sinopsis uno se puede imaginar que lo que Carmen le reprocha a Mario es que le haya tenido anulada en casa sin poder realizar sus sueños ni crecer como persona. Pero no. Precisamente es todo lo contrario, lo que Menchu tiene que reprochar a su marido es que no se haya comportado como un hombre acorde a su clase, que se haya mezclado con personas inferiores, que no le haya proporcionado lo que ella merecía por cuna,… y una sarta de cuestiones rancias y machistas que chocan mucho más al ser puestas en unos labios femeninos.

Y vosotros lectores os preguntaréis… ¿Y todo esto te ha parecido cómico? Pues sí. En muchas ocasiones esas ideas tan puritanas y conservadoras están expresadas de tal forma que me han sacado alguna sonrisa que otra. Además, hay que recordar que esta obra fue publicada en 1966, es decir, durante la dictadura y durante los años en los que todavía existía la censura. Cinco horas con Mario está escrita de tal manera que cada uno ve lo que quiere ver así, mientras mucha gente ve una clara crítica a los valores rancios del catolicismo y del franquismo encarnados en la personalidad de Mario, otras personas pueden ver justo lo contrario y tomar partido por Menchu que, en definitiva, es la que cuenta la historia y la que realiza los reproches. Una forma genial de pasar la censura y poder publicar una obra que, de otra forma, hubiera quedado sumida, para siempre, en la oscuridad. Este ingenio también me ha parecido cómico y digno de alabanza.

 

 

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