Cerezas amargas, Elena Fernández

Hace ya un año que conocí la novela Cerezas amargas, de Elena Fernández, en un coloquio que se organizó en Barakaldo con autoras del municipio. En aquel momento, aunque la historia que se adivinaba en el libro me pareció muy interesante, sobre todo si tenemos en cuenta que está ambientada en la localidad donde ahora resido, tuve que dejar su lectura un poco aparcada para ir haciendo frente a todas las que tenía pendientes.

Las autoras de Barakaldo, mi otra ciudad.

Así que no ha sido hasta hace unos días que se me ocurrió que Cerezas amargas podía ser una buena novela para comenzar con el Club de Lectura de Orduña. Me gusta impulsar, de alguna manera, a los autores que están empezando, que no tienen un nombre consagrado que los coloca en los mejores espacios de las librerías, por eso me animé con Elena Fernández. Una vez terminado de leer el libro y tras conversar con las mujeres que acuden al club, tengo que decir que no fue una buena idea.

 

Sinopsis: Edurne, arqueóloga del museo de Bilbao, se convierte en la protagonista por su amistad con dos de los implicados en un asesinato: la mujer que descubre el cadáver y su amigo Ander que investiga una historia real ocurrida en 1712, con ciertas similitudes.
Ambas historias transcurren en paralelo, ambientadas en la anteiglesia y zonas de la villa de comienzos del S. XVIII, y en una realidad urbana actual. Pero con un hilo conductor: las agresiones contra las mujeres.
Edurne, convertida en protagonista, comenzará un viaje interior a través de sus sentimientos. Lo ocurrido despierta en ella un rechazo inicial, a causa de un ataque sufrido tiempo atrás y que quiere olvidar. Así se debate entre la lealtad a sus amigos, la necesidad de descubrir la verdad y el reto de hacer frente a una realidad que ha tratado de esconder. 
Sin embargo, las circunstancias le empujan a implicarse de modo activo para ayudar a las personas afectadas hasta el punto de poner en riesgo su vida.

Todas hemos coincidido en que no nos ha gustado porque le falta chispa. La idea es buena y el comienzo de la historia del crimen antiguo realiza promesas que después no llegan a cumplirse. La trama no termina de enganchar porque el final es bastante previsible. Casi desde que aparece en escena ya se sabe quien es el asesino en el crimen actual y la trama de enredos en el antiguo tampoco deja lugar a dudas de cuál será el desenlace. Ni siquiera la explicación que acaba uniendo ambas historias tiene demasiado sentido. Tampoco se termina de entender cual es ese suceso que perturba a Edurne y que, teniendo tanta importancia como para dárnoslo a conocer a los lectores, no se acaba de ver claro ni qué le pasó ni como eso le afecta en su día a día, ni siquiera si realmente es algo fundamental para comprender la personalidad y los actos de la protagonista. Creo que podría haber sido una buena historia pero que la autora no ha sabido crear un clima de suspense y empatia adecuado.

Tampoco considero que sea una historia que hable de la violencia sobre las mujeres porque, si bien el crimen antiguo sí fue por violencia de género, el que sucede en la actualidad es por motivos económicos, cierto que la víctima es una mujer pero no lo es por su condición de hembra, sino porque el asesino considera que se ha entrometido en sus asuntos. Y, por último, como no sabemos qué le pasó a Edurne en el pasado que ahora le perturba, aunque se intuye que pueda ser un ataque sexista, tampoco se puede confirmar por falta de datos. Por lo tanto, no creo que se pueda decir que sea una novela que trate la violencia sobre las mujeres. Hay mujeres víctimas, pero no solo por el hecho de serlo.

La verdad es que me ha dado pena que no me haya gustado porque es cierto que había puesto muchas expectativas en esta autora. De hecho, en la Feria de Libro de Durango estuvimos a punto de comprar las dos novelas que ha escrito sobre la misma protagonista, hoy me alegro de no haberlo hecho.

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