Asesinos en serio, Blas Ruiz Grau

Lo confieso, todavía no he leído nada de Blas Ruiz Grau. Hace tiempo que le sigo la pista en Twitter y estoy bastante al tanto de lo que hace o deja de hacer. Incluso estoy convencida de que sus libros tienen que ser bastante buenos, por los comentarios que siempre recibe en sus cuentas de redes sociales. Pero lo siento, la vida no me da para todo.

Sin embargo, a pesar de la falta de tiempo, su nuevo trabajo está empezando a llamar mi atención de una manera especial. No sé que tipo de problema tendré sin resolver desde la infancia, pero por algún motivo me apasionan los casos reales de asesinatos. Por eso, estoy convencida de que Asesinos en serio será el primer libro de este autor que me lleve a las manos.

 

Sinopsis: Mucho se hablado de ellos. Sus nombres han pasado a la historia, pero de un modo, quizá, no demasiado agradable. ¿Qué hay de verdad en lo que hemos oído? ¿Cómo empezó todo? Conociendo sus biografías, ¿se puede dar respuesta a la pregunta de si el psicópata nace o se hace? Blas Ruiz Grau cree que sí. Y te lo cuenta de un modo ameno, relajado y hasta con ciertos toques de ironía. Todo para que conozcas, tras una exhaustiva investigación, los pormenores de las vidas de los que han sido considerados los peores asesinos, de la historia mundial.

En serio, es posible que tenga algún tipo de problema psicológico pugnando por salir a la superficie, pero me encantan estas historias. Además, la publicación de este libro me ha recordado a cuando trabajé en un canal de televisión de TDT ya desaparecido, Tribunal TV, donde me dediqué a acudir todos los días a la hemeroteca de la Biblioteca Nacional a rastrear en los periódicos los casos más famosos de asesinatos en serie. Así, descubrí la historia de la Vampira de Barcelona, el Sacamantecas, el lobisome gallego… y tantos y tantos criminales que han escrito la historia negra de este país. Sin duda aquella fue una de las mejores épocas de mi vida, laboralmente hablando.

Decididamente me haré con este libro y recordaré, entre cafés y pintxos de tortilla, aquella gloriosa época en que mi trabajo consistía en leer El Caso.

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